La adrenalina era palpable tan pronto como Jeyion había pronunciado la idea. En el ascensor, un lugar tan común pero que esta noche se transformó en un alcoba de deseos prohibidos. Cada movimiento fue calculado, cada respiración contenida. El ascensor era la cereza en el pastel de esta experiencia desafiando todas las convenciones. Cocksucker, con su encanto árabe y su reputación como una mamada pro, no había dudado. Este desafío dependía de sus habilidades, y sabía que iba a ofrecer a Jeyion satisfacción sin igual. Jeyion, el jefe negro, con su presencia y su asertiva virilidad, sabía perfectamente cómo tomar el control. Su imponente polla era una promesa de placer, y Cocksucker no iba a dejar pasar esta oportunidad. Cada segundo en este ascensor parecía una eternidad, amplificada por el riesgo de ser sorprendida en cualquier momento. El sonido del mecanismo del ascensor, el destello de las luces, la emoción de lo prohibido... todo esto intensificó cada sensación. La garganta profunda impresionó a Jeyion. No había conocido a menudo a alguien capaz de llevarlo tan profundamente. Su cabeza inclinada hacia atrás, los músculos de su cuerpo tensados, él se dejó llevar por el placer. Este deleite carnal, este riesgo de ser descubierto, esta unión de dos cuerpos en un lugar tan improbable... Todo esto culminó en un final explosivo. Jeyion derramó su placer en la cara del apuesto árabe, marcando esta experiencia con una impresión indeleble. El ascensor finalmente se detuvo, dejando a los dos hombres parpadeando, sus deseos satisfechos. Una sonrisa de conocimiento intercambiada, sabían que siempre recordarían esta noche donde habían desafiado las reglas y dado a sus deseos más salvajes.